Colombia no es solo un territorio. Colombia es nuestra casa. Es el lugar donde crecen nuestros hijos
y donde la naturaleza abunda. Un país donde el 52% de su territorio continental está cubierto por
bosques naturales y los mares y océanos representan casi el 50% del área nacional. Toda esta riqueza
natural se encuentra en constante amenaza, pero aun así resiste al abandono del Estado, la violencia y
la corrupción. Defender esa casa, protegerla y salvarla se ha convertido en una necesidad
fundamental.
Desde esa convicción nace la candidatura de Olga Lucía Caro Jácome, aspirante al Senado de la
República por el Movimiento Salvación Nacional, lista 14, una mujer que decidió dar un paso al
frente cuando entendió que quedarse en la crítica ya no era suficiente.
“Me cansé de ver cómo la violencia le roba el futuro a Colombia”. Esa frase resume el punto de
quiebre de Olga. Durante años observó cómo la burocracia, la corrupción y los intereses
personales frenaban los cambios reales, mientras millones de colombianos seguían atrapados entre la
inseguridad, la falta de oportunidades y un Estado que no responde.
Su indignación no es ideológica ni oportunista. Es profundamente humana. Como madre, como hija,
como hermana y como ciudadana, entiende que lo más sagrado que tiene una persona es su hogar. Y
cuando ese hogar está en riesgo, se defiende.
Desde joven, Olga Lucía sintió la necesidad de proteger lo vulnerable. Por eso eligió el camino de la
ecología y el medio ambiente, no como discurso, sino como profesión. Se formó, se especializó y
dedicó más de 20 años de su vida al desarrollo ambiental, la conservación de los bosques y la
protección de la biodiversidad.
Graduada de la Universidad Javeriana, con una maestría en Manejo y Conservación de Bosques
Tropicales y Biodiversidad, Olga entendió algo fundamental: lo que no se defiende, se pierde. Y
Colombia ha perdido demasiado.
Durante su trayectoria técnica, vio repetirse una escena dolorosa: buenas ideas que se quedan
atrapadas en trámites interminables, proyectos paralizados por instituciones que no se hablan,
iniciativas ambientales ahogadas por la burocracia.
Mientras tanto, el país real paga el precio:
● El campesino sin reglas claras.
● El emprendedor que quiere producir de forma sostenible.
● El ciudadano que quiere vivir sin miedo.
Fue ahí cuando la indignación se convirtió en decisión. Entrar a la política no para prometer
milagros, sino para exigir decencia y resultados.
Olga llega al Movimiento Salvación Nacional, como una ciudadana común que se cansó del mismo
círculo de siempre. Una mujer sin plata mal habida, sin mentiras, sin amiguismo, que se abrió
camino por méritos y carácter.
En un país cansado de la rosca política, su candidatura representa algo distinto: una voz técnica,
firme y honesta, dispuesta a defender a Colombia sin negociar principios.
“No prometo milagros. Prometo decencia y resultados”. Esa es su línea ética. Olga cree en el valor
de la palabra, en la coherencia entre la vida pública y privada, y en la necesidad de decir la verdad,
incluso cuando incomoda.
No levanta la voz para insultar, sino para denunciar la mentira. No busca aplausos fáciles, sino
confianza. Representar a esa madre, a ese joven, a ese abuelo, a ese soldado y a ese trabajador que
aún creen que Colombia puede salvarse.
Los enemigos de nuestros recursos naturales: la corrupción, la burocracia y los delitos ambientales
Hoy el país enfrenta tres amenazas que lo están devorando:
- La corrupción
El gran depredador de Colombia. Roba recursos, erosiona la confianza, bloquea soluciones y
ahuyenta la inversión. Sin frenarla, ningún plan funciona. - La burocracia
Un laberinto que ahoga al ciudadano. Trámites eternos que frenan los proyectos, incentivos perversos
y un Estado que muchas veces se convierte en un obstáculo. - Delitos ambientales
Deforestación, minería ilegal, tráfico de fauna y flora. Los delitos ambientales son resultado de
crimen organizado y sus daños no se reparan fácilmente: los pagan nuestros hijos. Aquí no hay
ideología, hay futuro.
